No mercy

ella de espalda

Si la libertad y las ansias de besar tuvieran nombre,
quedarían huérfanas durante todo ese tiempo en que no estás a mi lado, en que no estoy cerca de ti.

Si la naturaleza acaso se atreviera a cambiar la lluvia por algún otro ingenioso invento,
yo solo aceptaría la humedad de tus manos, temblando alrededor de las mías,
dibujando un arcoiris de deseo en la curva de mi espalda devorada por tus ojos, mientras mis caderas se deshacen contigo dentro.

Ya no hay días, la semana solo comienza cuando tú amaneces, y el calendario se vuelve torturante cuando camino por las calles del Vedado que no se sienten igual sin tus pasos, juntos  a los míos.

¡Ladrón! Pienso en cómo llamarte y salta esa voz desde el infinito; porque te has apropiado de mis luces, mis fuegos,
mi correr por aprisionar tu cuello entre mis labios (estos) y tu lengua entre mis labios (aquellos).

Y aún te atreves a decirme que estás desesperado, por romperme el alma… ¿más romper?… !más?…

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Montaña

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Me gusta tu montaña-le dije- mientras veíamos juntos el paisaje capturado por el lente.
Y él,
así me respondió a tono de suspiro:
si fuera solo eso lo que me gusta…


Si tan solo…

waiting

Si la luz dependiese de tus ojos inquietos
seguramente jamás anochecería entre mis pechos.

Increíblemente cierto e inusitado este deseo de que mis manos no tengan más mordaza que tus besos.
Ando vagando, febrilmente encendida por tus labios, que ahora extraño todas la mañanas,
¡Y te atreves a confesar que tienes ganas!

Si tan solo….
hoy fuese Septiembre.


Debajo del cielo, encima del mundo

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Ellos saben que no hay distancia posible entre una mariposa y el jardín de sus labios,
que los latidos están vivos en cada latitud donde comparten sueños y nostalgias.

Que en cualquier esquina del tiempo y de la geografía donde existen
están pensándose, acariciando sus mejillas,
saboreando la dulce panacea de sus dedos mojados dibujando el deseo,
deshaciéndose en cada abrazo compartido.

Ellos saben,
se escuchan, se sienten…
¡lo suficiente para seguir soñando con inundarle a la vida cada segundo!

 


Frutas… en el café

A ella no le gustaba hacer café
y aquella tarde hacía un calor épico,
de esos que sugieren más una limonada que la arómatica infusión.
Pero ella tenía sed…
una sed inmensa de momentos de besarle;
y encontró la forma de compartir con él
la frescura de las frutas
atrapadas allí
en la sugerente taza.

 


Calefacción oral

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-Quiero besarte en un lugar oculto- dijo dulcemente-
y separó mi piel del zapato.
Nunca más he tenido frío
en los pies.


Música de 2

“…qué poco es todo”

Esa que emerge
aleatoriamente
en mi playlist,
controlado
por ti.


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