Pronombres posesivos

era suya

Él era suyo (de ella)-decía;
pero estuvo todo el tiempo que duró nuestro encuentro,
cristalizado en su sonrisa
varado-como un náufrago- sin fortuna, sin barco, ni mapa;
vagando entre su corazón y el alma de mis caderas
entre su cuerpo insuficiente y mi libertad a flor de piel.

De día, me confesaba que no podía seguir otra luz que la de mis ojos
así como mi Casiopea se convertía en la reina de sus madrugadas cuando,
hormonalmente, la miraba (a ella) de reojo,
y evocaba las estrellas de mi insensatez para poder elevar aquel pedazo de su ser a lo más alto
y conducirla- compromiso ineludible- (a ella) al éxtasis,
ese que en realidad nacía de la química entre mi adrenalina y su razón.

Él era suyo (de ella)- creía;
pero su boca solo podía besar cuando olía la mía.

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