Sin frío

vino en la espalda

En aquel lunes de dispersión…frío…con una taza de chocolate caliente, él intentaba convidar a su musa, endulzarla con las delicias del cacao, mientras ella seguía juguetona, resbalosa, sin permitirle enrumbar los escritos, derramando vino por las esquinas…junto a otra musa, nueva,  que intentaba secuestrarla…
Fue una tarde fría… y él no pudo escribir; pero fue raptado hacia el calor de las palabras, y ella (la otra musa), terminó acariciando a la suya, desde la distancia, dejándole una huella “tan vívida como el azote de un huracán”.
Él no pudo escribir….pero no pasó frío.

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