¿Me concede esta pieza?

baile
Amaranta fue la primera culpable: Ella me arrastró aquel viernes hasta aquel sitio cuyo nombre distaba muchísimo de su propósito.

Luego el ¿maldito? cantinero, que necesitó casi 28 minutos para su faena. Y allí, mirando al horizonte en medio de la noche, buscando otros ojos que comprendieran su sed, estaba él; hastiado de que la música no fuese suficiente para el alma.

Y yo, mi lengua fresca y desbordada, que no se detuvo, y que le hizo frente a aquella timidez; y mis hormonas que no pararon de gritarle: “acércate”, “ven a mi encuentro”…

Aquella noche no bailamos, pero desde entonces, esencialmente, no hemos parado.

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