Debajo del cielo, encima del mundo

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Ellos saben que no hay distancia posible entre una mariposa y el jardín de sus labios,
que los latidos están vivos en cada latitud donde comparten sueños y nostalgias.

Que en cualquier esquina del tiempo y de la geografía donde existen
están pensándose, acariciando sus mejillas,
saboreando la dulce panacea de sus dedos mojados dibujando el deseo,
deshaciéndose en cada abrazo compartido.

Ellos saben,
se escuchan, se sienten…
¡lo suficiente para seguir soñando con inundarle a la vida cada segundo!

 

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Frutas… en el café

A ella no le gustaba hacer café
y aquella tarde hacía un calor épico,
de esos que sugieren más una limonada que la arómatica infusión.
Pero ella tenía sed…
una sed inmensa de momentos de besarle;
y encontró la forma de compartir con él
la frescura de las frutas
atrapadas allí
en la sugerente taza.

 


Calefacción oral

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-Quiero besarte en un lugar oculto- dijo dulcemente-
y separó mi piel del zapato.
Nunca más he tenido frío
en los pies.


Música de 2

“…qué poco es todo”

Esa que emerge
aleatoriamente
en mi playlist,
controlado
por ti.


Tomar (te)

Que no,
que no puedes marcharte a las 3 de la tarde,
porque es la hora
del té.


Cuestión de fe

Pero de eso se trata:
del delicioso egoísmo
de verte danzar
en la cuerda floja
de un primerísimo “primer plano”


Con hambre atrasada

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“Me besó sin pedir permiso y a mí me pareció la gloria”

Ella le devolvió
el beso
con toda la pasión
que cabe
en la lágrima
de una Bodoni.


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