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Crisis Hormonal

crisis hormonal
¡Y me aguanto! Aunque las hormonas retocen con su solo recuerdo. No necesito siquiera que se acerque, que sorprenda mis segundos con una canción, que confiese que me lee y se estremece.
Y se atreve a decirme que lo intenta… pero no puede más… que tiene que correr, incontenible, a mi encuentro, o tan siquiera detrás de mi silueta, tan fuerte, tan vívida como el azote de un huracán… un volcán en erupción… una tormenta de arena en el desierto…
Reclama su espacio: cuenta que debe vivir, para mí, para mi néctar, para mi alma… Que no soltará la soga que lo ate levemente a mi tobillo… y él… se encargará de quitarla poco a poco… esa media que se desliza, deja ver una piel que invoca, espera el roce de sus dedos, como el teclado… como mi rostro, como mis caderas ladeadas, como la elevación de mis senos al Olimpo.
Y luego lo suelta de una vez: “no puedo describir, ni traducir lo que siento cuando mi mano está en tu espalda o sostiene con firmeza una porción de tu bendito costado”
Nadie puede: hay cosas inalcanzables para las palabras


No mercy

ella de espalda

Si la libertad y las ansias de besar tuvieran nombre,
quedarían huérfanas durante todo ese tiempo en que no estás a mi lado, en que no estoy cerca de ti.
Si la naturaleza acaso se atreviera a cambiar la lluvia por algún otro ingenioso invento,
yo solo aceptaría la humedad de tus manos, temblando alrededor de las mías,
dibujando un arcoiris de deseo en la curva de mi espalda devorada por tus ojos, mientras mis caderas se deshacen contigo dentro.
Ya no hay días, la semana solo comienza cuando tú amaneces, y el calendario se vuelve torturante cuando veo el café, de lejos, tentador; y decido pasarle por al lado porque “no way”…ni siquiera sabe dulce lejos de tus labios.

!Ladrón! Pienso en cómo llamarte y salta esa voz desde el infinito; porque te has apropiado de mis luces, mis fuegos,
mi correr por aprisionar tu cuello entre mis labios (estos) y tu lengua entre mis labios (aquellos).

Y aún te atreves a decirme que estás desesperado, por romperme el alma….con música! ¿más música?… ¿más romper?… !más?…


Para colmo (de bienes)

humedad

Y le digo: “Tus manos están húmedas”
Y él responde: “También tú”
Y yo: “No pienso quitarme la ropa”
Y él: “¿Cuál?”

Entonces me mira como si el mundo no existiese,
y para colmo (de bienes) se atreve a preguntarme: “¿Gritas?”


Escribirte

escribirte

La cuestión de escribirte
es casi igual que la cuestión del tiempo (ese que a veces no tenemos)
ese tiempo en que existías sin yo saberte,
el que fue recorriendo tu vida, sin yo siquiera suponerte.

La cuestión de escribirte
me ha desnudado el alma, con cada nuevo atardecer cuando es la hora del adiós,
desgarrante,
que solo se vuelve poesía porque en pocas horas aparecerás en mis sueños.

La cuestión de escribirte
me ha conquistado, porque solo besando mis palabras fue que lograste acceder a mis ojos,
acariciar mi cuello
erizar mis sentidos,
palpar mi espalda.
La cuestión de escribirte es tan sencilla de comprender,
porque soy yo…entre tus brazos.


Lascivia

entre las piernas
Quéjate del bloqueo
del hambre
de la falta de besos,
del silencio
de los sábados y los domingos.
Quéjate de la lluvia,
las escaleras
la gente en la oficina
y la ropa- que sobra.
Pero ni se te ocurra quejarte
de mi deseo…
de mis ansias de una poesía en tu vientre
y un secreto confesado entre tus piernas.

Luna gigante

Luna gigante

Habían anunciado una luna gigante,
la NASA, los medios de prensa, y hasta el instituto de meteorología…
-Me convertiré en hombre lobo- me dijo al oído-
-!Genial!- respondí…
casi sin pensar.
Imposible lograrlo:
esa noche, sembró la luz del faro en mi Este
puso la bahía entera a mis pies
las luces intrépidas en mi Oeste
sus ojos en mi Norte;
y al Sur….
mi espalda clavada a uno de los doce apóstoles,
que se dejó seducir, junto conmigo
bajo la luna,
gigante
como aquel orgasmo.
Y entonces,
solo entonces,
me mordió.


Ese hombre

hombre-anda-lluvia

Y mientras su silueta se alejaba de mi,
yo solo podía mirar a la acera rota, dueña de sus huellas,
mis dedos con restos de su pelo, enredado…
y pensar:
!ese hombre!
!ese hombre me hace temblar bajo sus besos!

Segundos después recibí aquel mensaje: “carajo, como me gustas”


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