Archivo de la etiqueta: miradas

Chelo y luz

Él solo había visto a la mujer que tocaba
el violonchelo.
Y aquella mañana
descubrió
encontró
amó
su desnudez
su luz,
y ya no pudo dejar de tocar
de extrañar
a esa mujer
que tenía, por religión
su mirada.

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Cuestión de fe

Pero de eso se trata:
del delicioso egoísmo
de verte danzar
en la cuerda floja
de un primerísimo “primer plano”


Tener que decirte que…

2015-08-20 07.31.00

Te tengo ahí,
en la punta de tu dedo,
en mi espalda
bebiéndote,
a plena luz.

Crisis Hormonal

crisis hormonal
¡Y me aguanto! Aunque las hormonas retocen con su solo recuerdo. No necesito siquiera que se acerque, que sorprenda mis segundos con una canción, que confiese que me lee y se estremece.
Y se atreve a decirme que lo intenta… pero no puede más… que tiene que correr, incontenible, a mi encuentro, o tan siquiera detrás de mi silueta, tan fuerte, tan vívida como el azote de un huracán… un volcán en erupción… una tormenta de arena en el desierto…
Reclama su espacio: cuenta que debe vivir, para mí, para mi néctar, para mi alma… Que no soltará la soga que lo ate levemente a mi tobillo… y él… se encargará de quitarla poco a poco… esa media que se desliza, deja ver una piel que invoca, espera el roce de sus dedos, como el teclado… como mi rostro, como mis caderas ladeadas, como la elevación de mis senos al Olimpo.
Y luego lo suelta de una vez: “no puedo describir, ni traducir lo que siento cuando mi mano está en tu espalda o sostiene con firmeza una porción de tu bendito costado”
Nadie puede: hay cosas inalcanzables para las palabras


De pronto…

rosa

Quisiera contarlas, besarlas, lamerlas
dice mientras cumple con su promesa de traspasar la foto, y descubre las huellas del sol en mi cara.
De pronto, como si no importase nada más en el mundo,
ellas se han convertido en el mejor reflejo de esa luz que viene de sus ojos,
de su mirada que arranca secretos
y que me hace sentir su latido dentro de mi pecho.
De pronto, estoy respirando, de nuevo.


Vino, por hoy

acostada con copa

Hoy no hubo café,
ni siquiera pude mirar hacia la puerta de aquel lugar sencillo donde quizás, casi sin pensarlo
me regalaste la primera mirada diferente.

Hoy no hubo café
ni besos
ni ojos desnudándome mientras la puerta se cierra tras de mí.

Hoy sólo subí, abrí, entré, miré, cerré y me fui.

Por suerte, en la esquina cómplice quedaba algo de tu olor tóxico,
que junto a  tu sonrisa dibujada en un papel diminuto
y la copa de vino que siempre me dejas servida como reserva,
aplacaron un poco mi nostalgia.


Historia de verano

de noche

Puedo jurar que ese fue uno de los fines de semana más calientes del verano.
Yo esperé ansiosa por su llegada, pero él se fue a la playa.

El lunes, aún con el olor a mar impregnado en sus labios
irrumpió en mi oficina y con los ojos llenos de olas, suplicó:

Quítate la ropa,
tres días y no hice más que pensar en compartir contigo…
mi sombrilla


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