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Del tiempo

Solo espero
que no nos alcance nunca…

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Extráñame

No te resistas…
Apriétame en tu puño.
Extráñame, aunque te duela.
Sobrevive, pero extráñame.
Te faltarán mis besos…
Yo me llevo los tuyos que saben- como tú dices- a cielo tormentoso, cuando llueve y se moja la tierra.


Ella no sabe

ciudad 1

“Tú me recuerdas las calles de la Habana Vieja” (SR)

Ella no sabe…
que mientras duerme
tú y yo nos rompemos en historias
desafiando cualquier límite
real, geográfico, espiritual, imaginario.

Ella no sabe, (¿o sí?)
pero mientras añora tus pies desandando su piel
tú lames mis aceras
cubriéndolas de lascivia.

Ella no sabe (¿o sí?)
pero mientras te busca, sueña, reclama
tú te pierdes por todas mis esquinas
náufrago de caricias
y me conquistas.

Ella-la ciudad-no sabe
de este romance tibio entre tú, yo y el tiempo nuevo.


Entender a Eva…

tentación
Y saber que solo tú puedes controlar
esta crisis hormonal,
aunque sea desde la irremediable distancia.


Escribirte

escribirte

La cuestión de escribirte
es casi igual que la cuestión del tiempo (ese que a veces no tenemos)
ese tiempo en que existías sin yo saberte,
el que fue recorriendo tu vida, sin yo siquiera suponerte.

La cuestión de escribirte
me ha desnudado el alma, con cada nuevo atardecer cuando es la hora del adiós,
desgarrante,
que solo se vuelve poesía porque en pocas horas aparecerás en mis sueños.

La cuestión de escribirte
me ha conquistado, porque solo besando mis palabras fue que lograste acceder a mis ojos,
acariciar mi cuello
erizar mis sentidos,
palpar mi espalda.
La cuestión de escribirte es tan sencilla de comprender,
porque soy yo…entre tus brazos.


Vino, por hoy

acostada con copa

Hoy no hubo café,
ni siquiera pude mirar hacia la puerta de aquel lugar sencillo donde quizás, casi sin pensarlo
me regalaste la primera mirada diferente.

Hoy no hubo café
ni besos
ni ojos desnudándome mientras la puerta se cierra tras de mí.

Hoy sólo subí, abrí, entré, miré, cerré y me fui.

Por suerte, en la esquina cómplice quedaba algo de tu olor tóxico,
que junto a  tu sonrisa dibujada en un papel diminuto
y la copa de vino que siempre me dejas servida como reserva,
aplacaron un poco mi nostalgia.


Quien le dijo…

autoestudio

…que ud. podía interrumpir mi sueño
y raptarme a una sesión de autoestudio
donde sus manos evocan  mis labios
y mis dedos  su lengua.

Quien le dijo eso,
!tenía toda la razón!

 

 


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