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Cinco palabras

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Te
he
extrañado
cada
día

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Ella no sabe

ciudad 1

“Tú me recuerdas las calles de la Habana Vieja” (SR)

Ella no sabe…
que mientras duerme
tú y yo nos rompemos en historias
desafiando cualquier límite
real, geográfico, espiritual, imaginario.

Ella no sabe, (¿o sí?)
pero mientras añora tus pies desandando su piel
tú lames mis aceras
cubriéndolas de lascivia.

Ella no sabe (¿o sí?)
pero mientras te busca, sueña, reclama
tú te pierdes por todas mis esquinas
náufrago de caricias
y me conquistas.

Ella-la ciudad-no sabe
de este romance tibio entre tú, yo y el tiempo nuevo.


¡Wow!

línea erótica

Si te dejo acceder a mi línea erótica
¿me aseguras que te saldrás de la raya?


Entender a Eva…

tentación
Y saber que solo tú puedes controlar
esta crisis hormonal,
aunque sea desde la irremediable distancia.


Exorcismo

exhorcismo

Sin cura, ni rezos, ni crucifijos.
Él se salió de mí, definitivamente, aquella tarde,
cuando la adrenalina, diluida en promesas incumplibles,
se conjugó con su cobardía para enfrentar las llamas dantescas
y, sencillamente,
no pudo mirarme a los ojos.


¿Anónimo?

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Anónimo comenta lo que escribo, y le cuento a no-anónimo.
No-anónimo increpa: Dile que llegó tarde, que me robé su corazón (el de Gia)
Gia responde: eso no es cierto.
No-anónimo añade: sí, el corazón de Gia es demasiado libre para eso…
Gia: no, es que Gia es un personaje de ficción, tú te robaste el corazón de quien escribe, de la persona real: el mío.
No anónimo responde: sí… robar, un corazón, un alma vulnerable ante semejante avalancha de sensaciones.. un delito propio de los dioses.. de los mortales, esos que creen errar, pero que realmente no saben lo que es latir al compás de una flecha, de una imagen, de la esencia misma de mujer, de Gia dibujada y tú terrenalizada… soy rico, decidí usurpar un tesoro, se resistió a mis manos, a mis entregas, a mi osadía… la enfrenté temerario, mi pecho desnudo, mi alma otro tanto, mi mente…mi daga, mi verbo… mi escudo… y apenas luego un atisbo de victoria sentenció mi cruzada… hoy las cadenas circundan mis muñecas y tobillos, no siento el peso de sus eslabones, la herrumbe no me consume…soy inmune… poseo el anticorrosivo mágico de cuatro letras intensas…


Inconmensurable

mesura

¿Estás seguro de que todo tiene que ser “con mesura”?- le pregunté mientras dejaba caer el vino-
Él me miró entonces con cierta cara de incredulidad
pero aún no ha recuperado la sobriedad.


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